Jueves, 21 de septiembre de 2017

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Nuevo Madre Mía

mayo 16th, 2017
Nuevo Madre Mía
Mauricio Mulder
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Escribe Mauricio Mulder

El juicio de Madre Mía fue un fraude, un engaño, una estafa. Tiene por tanto que reabrirse desde foja 1, para enderezar lo tocado, para limpiar lo contaminado. Es lo que se llama JUSTICIA ¿recuerdan?

Pero no solo debe procederse al esclarecimiento, juzgamiento y sanción de las violaciones de derechos humanos solamente. Es menester que el Ministerio Público abra también y de inmediato una investigación para dilucidar el prevaricato implícito en ese caso, para sancionar a los que compraron testigos, a los que dieron la orden y el dinero para torcer sus voluntades así como a los fiscales y jueces que haciéndose los locos, sabiendo que había “retractaciones”, no sospecharon el origen punible de las mismas.

¿Tan ingenuos, inocentes o ignorantes son los jueces y fiscales para no adivinar que una persona agraviada que espontáneamente acusa a otra por un delito grave, apenas lo reconoce en televisión, no es la misma dos años después y menos si el acusado quedó a un tris de ser presidente y tiene nada menos que 47 parlamentarios bajo sus órdenes? ¿No era obvio que esas humildes personas eran fácilmente proclives a ceder al miedo de la amenaza o a la tentación del dinero? ¿No era un indicio de eso el que el testigo terminara comprando nada menos que una moto taxi? ¿No es acaso una práctica común en estos casos de derechos humanos?

Miren por ejemplo lo que sucede con el juicio por el asesinato de Hugo Bustios por el que se procesa a otro “capitán ” esta vez Arturo, que es el alias de Daniel Urresti que tiene además una acusación de violación de la que se defiende diciendo simplemente que la víctima “era terruca”.

En similar parangón con Humala, -que lo nombró ministro del Interior en muestra de extraña complicidad y apoyo mutuo-, Urresti fue sindicado por sus víctimas cuando pasó de ser un anónimo y oscuro militar retirado a un superfigureti ministro de Estado y posteriormente ridícula e hilarantemente frustrado candidato presidencial del nacionalismo. En ese momento, los familiares de las víctimas buscaron a la prensa a manifestar que el Urresti que veían en la televisión era el “capitán Arturo” y que era el asesino del periodista Hugo Bustíos en 1988.

Bustios investigaba por entonces el asesinato de Primitiva Jorge Ayala. Sus hijos, Clemencia y Pascual Sulca Jorge, atestiguaron espontáneamente que vieron a Urresti en el escenario del asesinato de Bustios y así lo dijeron cuatro veces ante el juez de primera instancia y de la sala revisora.

A ellos se suman los testimonios de dos soldados Edgardo Montoya y Amador Vidal Sambento corroboraron que Urresti comandaba la patrulla que asesino a Bustios.

Hoy todos los testigos, con excepción de Margarita Patiño, viuda de Bustios, se han “retractado”. Han ido a un notario, han efectuado una declaración unilateral retractándose y han desaparecido para no someterse al interrogatorio de la sala ni a la investigación sobre las razones de su actitud, obviamente delictiva. Urresti ha presentado él mismo los testimonios notariales, lo que demuestra la manipulación de los mismos y su protagonismo en propiciarlos como lo ha denunciado el fiscal Luis Landa Burgos. Pero cabe la interrogante: ¿Serán lo suficientemente ingenuos los miembros de la sala penal nacional para tragarse tamaña maniobra, más aún hoy, que se sabe de antecedentes exactamente iguales?

Los testigos arrepentidos se han ocultado, no dan la cara, evaden a la prensa, pero esta, en gran contrasentido, invita a Urresti permanentemente a distintos programas de televisión para darle carta de novísima e hilarante calidad de “analista político”.

El país sabe que se trata de militares venales que ensuciaron el uniforme. Cientos de sus colegas reclaman el deslinde con ese tipo de impresentables que hoy exhiben sin pudor sus fechorías en el alarde pseudomachista de quienes creen que necesitan hablar con voz ronca para aparentar virilidad.

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