Jueves, 21 de septiembre de 2017

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¿Tercera Guerra Mundial? Los nuevos misiles del viejo tío sam

abril 13th, 2017
¿Tercera Guerra Mundial? Los nuevos misiles del viejo tío sam
Germán Luna
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Escribe German Luna Segura

Se han usado todos los argumentos imaginables y se han levantado todos los fantasmas conocidos para tratar de justificar los misiles Tomahawk  que lanzó Estados Unidos contra el régimen sirio bajo la excusa de la “legítima defensa”  a propósito del bombardeo con armas químicas que días antes provocó Siria y la verdad es que el argumento de detener la cantidad de muertos en la región a cualquier costo, no satisface a nadie.

Por el contrario, se ha exacerbado el ultranacionalismo que oculta las miserias del régimen sirio y el rechazo a los norteamericanos quienes, bajo la sombra del “11 de setiembre”, se creen como en los viejos comics, ser los adalides de la lucha contra un fenómeno como el terrorista que tiene muchos más actores y caldo de cultivo de los que cree la administración de Donald Trump.

Eufórico personaje que no ha logrado los consensos para una decisión que le ha permitido solo volver por los  fueros del descrédito y reeditar ese juego “en pared” que los muestra como un país más decidido,  menos complaciente, pero agresivo y sin ánimo de conceder un milímetro en el juego de la defensa de sus intereses, vieja usanza de la guerra fría del siglo pasado en la que los yanquis trataron  de “legitimar” vía golpes de estado, invasiones, guerras civiles, embargos y todas las formas imaginables de presión, su estrategia de golpear a uno -aunque sea inocente-, para responderle a otro.

Estamos sin duda frente a la misma estrategia de siempre y a un razonamiento en el que las complejas relaciones norteamericanas-rusas vuelven a tomar niveles de protagonismo peligrosos por la tensión que anida en la región y el mundo, ya que aun cuando Moscú es el principal soporte internacional del régimen de Bashar al-Asad, existe un nivel de coincidencia entre los analistas internacionales que  anotan que en realidad lo que buscaron los norteamericanos al lanzar los misiles Tomahawk , es una clara y definitiva advertencia  de su poderío a Rusia, a sus enemigos en el medio oriente, pero sobre todo, a Corea del Norte que mantiene un perverso juego de ajedrez básico que ha puesto nervioso a Trump.

Lo sucedido nos devuelve al Tío Sam del siglo pasado reinventado en un discurso lleno de agresividad y violencia que los golpes de las guerras perdidas antes morigeran, pero que no impiden se muestre en su total ferocidad al luchar por la justica usando cuanto recurso tenga a mano, incluso, el temor del pueblo norteamericano y Europa frente a la presencia de grupos terroristas como  Estado Islámico o Al Qaeda.

La lección de Siria explora terrenos minados hasta la administración Obama que respondían al cumplimiento de  etapas controladas, pero que tras el ataque lanzado por aviones sirios contra la población civil en Jan Sheijun, abrieron las compuertas  para el desenfreno de los misiles y el cambio de actitud en el que los conflictos parecen preocupar a todos, menos las partes en conflicto que danzan al compás de la música que venden los traficantes de armas y tecnología de muerte.

Está claro que en Siria se han producido algo más que bombardeos, que las muertes de civiles fuera del conflicto cuya estadística pareciera pasar desapercibida son parte de razones geopolíticas que antes se resolvían en mesas de negociaciones y ahora, con el uso de agentes químicos que convierte cualquier conflicto, por pequeño que este sea,  en la chispa que puede encender una guerra mundial, razón por la que las reacciones podrían ser entonces más peligrosas que los ataques mismos.

Es necesario encontrar escenarios de presión internacional para acabar con el gobierno y las atrocidades de  un régimen que como el de Bashar al-Asad  cree en la total y absoluta impunidad basado en la errada idea que Rusia lo defiende sin condiciones e impedirá cualquier la intervención norteamericana. Ésta juega un partido propio, es verdad, pero no puede ser ajeno al reclamo mundial condenando las bajas que resultan ser una penosa ironía en medio de un conflicto en el que crímenes brutales se han producido por la mera decisión del dictador sirio, pero también, por la desproporción de la respuesta norteamericana que pone en evidencia la visión de quien desde la Casa Blanca solo parece mostrar desapego por toda forma civilizada de coexistencia.

Los refugiados, víctimas siempre cuya dinámica impensada pasa una factura impagable al sentido común, son la evidencia cruel de la guerra, no justifica por si sola la intervención, pero más de un cuarto de millones de muertos y cerca de diez millones de desplazados hablan de un conflicto mayor  que escapa a las agendas pacatas de la diplomacia y la asistencia humanitaria. El mundo tiene en sus puertas -si no se hace nada-, la inminencia de una tercera guerra. Que así no sea.

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